Los productos españoles más típicos, con calidad y prestigio internacionales, tampoco escapan a los efectos nocivos de la crisis. Los embutidos ibéricos, el aceite y el vino ya han notado en sus ventas el enfriamiento económico y los gélidos vientos que soplarán, al menos, durante este año. Los tres sectores intentan superar los problemas con imaginación y nuevos proyectos.
Jamones y embutidos
En los productos ibéricos, la crisis se ha notado ya esta Navidad . Muchos empleados agraciados con la tradicional cesta percibieron que ésta no traía el consabido jamón ibérico. Su lugar era ocupado por uno de Teruel, de menor calidad y mucho más económico. Puede parecer anecdótico, pero resulta un indicativo claro de cómo la delicada situación económica está pegando duro también a los productos ibéricos.
El menor consumo se nota desde inicios de 2008. Según datos de Iberaice, la asociación nacional que agrupa a las empresas de ese sector, la caída era hasta julio del 15%. Pero lo peor estaba por llegar, sobre todo en la última campaña navideña, una época trascendental porque los jamones y lomos de las cestas suponen una parte importantísima del negocio.
Hacer estimaciones de las caídas totales de las ventas resulta complicado, debido a la atomización del sector, pero hay fuentes que hablan de entre un 30% y un 50% menos.
Los ganaderos de cerdo ibérico arrastraban su propia crisis, y de las gordas, antes de que llegara la ’oficial’. La razón hay que buscarla en la sobreproducción: durante años, la cría fue una actividad muy lucrativa, lo que ocasionó que muchos neófitos se subieran al carro de la rentabilidad.
Si usted se fija en la etiqueta de patés o loncheados de ibérico cuando vaya al supermercado, verá que proceden de Navarra o Gerona, zonas donde nunca ha habido este tipo de animales. En muchos casos, además, esta expansión geográfica se ha desarrollado sin los más elementales controles de calidad del producto, como el prototipo racial o la alimentación. Estos nuevos fabricantes se dedican sobre todo a la elaboración de derivados como los citados patés y lonchas. Son productos con mayor valor añadido y que, además, sufren menos la caída en las ventas.
La consecuencia es de manual. El precio de los animales cayó incluso por debajo de los costes, una situación que se mantiene. Por suerte, cuanto mejor es el producto, menos problemas tiene para superar la crisis. Los embutidos elaborados a partir de animales alimentados con bellota suponen una mínima parte, pero sus precios aguantan mejor.