Según estudios parece situarse la domesticación del cerdo desde 7000 años atrás. En la actualidad la clasificación por sus características lo dividirían en tres étnicas; asiáticos, célticos e ibéricos.
En la península podemos encontrar dos de estos dos grupos divididos en dos amplias zonas geográficas. Por un lado las razas celtas en el norte y noroeste peninsular. Y por otro el cerdo iberico en el sur y suroeste de España, del cual procede el
jamon iberico.
La dificultad de comunicación existente entre territorios que entorpecían enormemente los desplazamientos imposibilitaba el intercambio genético entre las piaras, lo que influyó de forma notable la aparición de las distintas variantes o estirpes. Aunque todos ellos mantenían el mismo patrón racial: animales brevilíneos, con tronco aplanado, no cilíndrico, grupa derribada, vientre manifiesto y línea dorsal suavemente arqueada, ojos poco manifiestos y pequeños tapados por las orejas, además de unas extremidades finas y ligeras que les capacitan para recorrer grandes distancias y caracteriza a los jamones ibericos.