Para disfrutar de un buen
jamon iberico hay que distinguir primero sus partes que son:
La pezuña, que se suele utilizar para caldo.
La caña, que es una zona codiciada por los buenos comedores de
jamones ya que está tocando el hueso y aislada de los agentes externos por una capa gruesa que es el cuero, la piel del cerdo. Es la parte donde más aceite suele haber del jamón.
La maza, que es la parte más jugosa y estética de los jamones ibericos. La grasa está infiltrada en la carne y la textura en la boca es muy homogénea, blanda y la más sabrosa.
La babilla, que lleva más grasa pero todo en un trozo. La carne es totalmente músculo, reseca, sin brillo y más dura, muy distinta a la maza.
Y la punta, que es una mezcla de las dos texturas, es infiltración de la grasa pero con una carne más dura. Su sabor es muy mantecoso.
Para finalizar nombrar los huesos del jamón, que son pezuña, tibia, fémur y hueso puente o cadera.