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Un jamón ibérico de Jabugo es el resultado de más de cuatro años de trabajo, desde la cría del animal en el campo, hasta el final del lento proceso de maduración y envejecimiento en las bodegas. En el transcurso de todo su proceso intervienen factores de incalculable valor como la raza autóctona de los animales, el ecosistema de la dehesa con sus encinas centenarias, la tradición ancestral de los maestros jamoneros y la climatología única del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche, donde se encuentra Jabugo.
Por tanto, un jamón ibérico de Jabugo, más que un producto alimenticio, representa una obra de arte de la gastronomía, una pieza única y exclusiva, y como tal debemos afrontar su consumo y conservación.
La degustación de un jamón ibérico de bellota dará comienzo con el ritual del corte, siguiendo las reglas que contribuyen a preservar su calidad y hacer más placentero el consumo de su preciada carne.
Lo esencial es cortar con un cuchillo bien afilado las lonchas muy finas, prácticamente translucidas, que son sinónimo de exquisitez.
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